Hace unos meses descubrí que tengo arrugas. Imagino que se han ido creando progresivamente, pero la verdad es que los he descubierto hace poco. Después de preguntar a mi círculo e informarme, me he puesto manos a la obra en busca, el lector podrá imaginar, de una solución mágica. Y he descubierto que la mayoría de las pociones se llaman antienvejecimiento. Detener el envejecimiento como un concepto tan posible en marketing como absurdo en la vida real.

El marketing ha sido históricamente una disciplina asociada por muchos a la manipulación y a vender humo, pero ¿y si hoy nos llevara en una dirección diferente, hacia un marketing más cercano y auténtico?

Según un estudio interno de Atrevia, alrededor del 90% de las decisiones de compra están motivadas por recomendaciones de personas cercanas. Aquí entran en juego las recomendaciones de segundo y tercer grado, a través de personas influyentes o de amigos de amigos. Esto nos dice mucho: aunque parezca que vivimos en el siglo del individualismo, nos guiamos más por las opiniones ajenas que por la publicidad tradicional. Y le damos más importancia a la autenticidad.

Según una encuesta de NewsCred, el 62 por ciento de los millennials piensa que el contenido auténtico que leen y ven en línea los hace sentir más conectados con la marca.

Esta tendencia a la conexión en nuestras decisiones de compra refleja también el agotamiento general del “todo vale” que ha dominado determinados ámbitos del marketing y la comunicación en los últimos años. Discursos provocativos e insultos, además de noticias falsas, han cruzado líneas que deberían ser intransitables. ¿Estamos cansados ​​y buscamos algo más auténtico?

Aunque sólo sea para calcular la rentabilidad, parece que la honestidad es lo mejor a largo plazo. Y tal vez también a corto plazo. Y no sólo valoramos la verdad, sino también el toque humano. Por ejemplo, ¿es el algoritmo, en las plataformas de contenidos audiovisuales, lo que realmente buscamos?

Algunos, como Filmin, han optado por ignorarlo y en su lugar su equipo crea colecciones realizadas por una persona real. Desde los medios también vemos cómo apuestan por formatos como boletines o elaborar suplementos donde los periodistas trabajan junto a expertos para recomendar desde lecturas hasta música (asegurar que esto se haga de forma independiente sería otro debate). A nivel institucional también se están explorando programas y materiales de marketing basados ​​en historias y personas.

El marketing serio y honesto no es sólo una necesidad ética, sino también probablemente la mejor estrategia. En lugar de seguir dependiendo de campañas engañosas, deberíamos dar un paso atrás y centrarnos en construir relaciones más genuinas. Quizás los adjetivos “serio y honesto” estén asociados a algo arcaico, pero lo más revolucionario podría ser asociarlos al futuro. Y para colmo, he aquí un secreto que he dudado en revelar a las empresas de belleza: me temo que todos vamos a envejecer.

Con información de Digiday

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